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Dublín, la ciudad que enamora

Hay viajes que sorprenden desde el primer momento. Tal vez por las bajas expectativas, tal vez por el momento de nuestras vidas en que los hacemos. Pero de algún modo, acaban siendo viajas que nos enamoran y de los que nunca nos casamos de hablar. Para mí, Dublín fue uno de ellos. Este no es un post sobre los lugares más bonitos de la ciudad, sino uno para convencerte sobre por qué debes visitarla.

Por qué volverás a Dublín

Dublín es probablemente una de las mejores capitales de Europa en las que he estado. Y el primer motivo por el cual afirmo esto es su población. No he conocido gente más simpática y cercana en ningún lugar del mundo. Da igual la duda que tengas, da igual si llueve, da igual si hay mucho ruido en el bar… ellos siempre con su sonrisa y dispuestos a descubrirte su fantástico país.

Cierto es que ese buen humor puede ser por la cantidad ingente de cerveza que consumen cada día los irlandeses. ¿Sales un martes por la noche? Pub lleno. ¿Vas a tomar algo a las 3 de la tarde? Pub semilleno. ¿Y sólo por jóvenes? Ni mucho menos. De hecho el perfil de gente que va a los pubs es superior a los 30 años, mientras que los más jóvenes optan por otro tipo de ocio. ¿Cuándo trabajan? Me preguntaba yo. Y sí, puede que sea uno de los países que más notó la crisis, pero he visto mucha más pobreza en un buen número de ciudades españolas.

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Otra cosa que llama la atención de Dublín es la música. La ciudad que dio a luz a U2 no entiende de diversión sin el arte musical, y se agradece. La calle está llena de músicos dispuestos a amenizar los días de la gente. Muchos pubs ofrecen también música en directo, la mayoría versionando clásicos modernos que siempre vienen genial con una cerveza en la mano. Mucha gente se arranca a cantar sin ningún miedo.

Al final todo propicia situaciones de lo más interesantes. En la excursión a los acantilados de Moher, algunos irlandeses llegaron en un primer momento solos al autobús. Para ellos es el típico lugar que saben que está ahí, pero que no les parece para tanto porque, a fin de cuentas, lo tienen a dos horas de casa. También venían algunos turistas extranjeros, solos muchos de ellos. En todo el trayecto de ida y vuelta, ninguno de ellos cruzó palabra alguna. Sin embargo, los irlandeses a los diez minutos ya se habían sentado juntos y habían empezado a hablar y reír como si fueran amigos de toda la vida.

Como he dicho previamente, no entraré en la belleza de las calles, ni lo interesante que es la Fábrica Guiness, ni los 25 surtidores que hay en cada pub, ni la zona de Temple Bar, etc. Lo único que debes saber es que si vas de vacaciones a Dublín, prometerás volver.

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