Maldivas: lo que no todos saben

Las islas Maldivas son conocidas por su exclusividad, por su lujo, por su belleza y por su singularidad. Pero hay una faceta que muchos no ven y no conocen. Es el de una de las islas de los indígenas, esos lugares lejos del lujo y de los ojos de los turistas.

Tuve la suerte de ir a las Maldivas en varias ocasiones. En Male, la capital, la vida es sin preocupaciones, entre caminos de tierra y mal iluminados y bares con letreros de neón, las verdaderas fuentes de luz, donde los jóvenes se reúnen para hablar y comer, sin redes sociales, porque la conexión aquí es a duras penas.

maldivas

Pero es en las islas donde se conocen las Maldivas de verdad. Cuando se pasa en hidroavión te das cuenta de que la isla está habitada por nativos y no turistas por la antena para las telecomunicaciones muy alta y siempre presente, lo que les permite recibir algún canal de televisión y tal vez una conexión de datos. Aquí se vive de la pesca y un poco de comercio. El ritmo de la jornada está marcado por el muecín cinco veces al día.

Hay alrededor de 40 años de diferencia entre los complejos turísticos y las islas de los locales. En los resorts hay masajes, playa, baños, internet, y los niños se colocan en el miniclub con buena paz de los padres. En las otras islas los padres no se preocupan lo más mínimo de los niños ya que siempre saben dónde encontrarlos: al campo de fútbol, ​hecho de tierra pisada y dos piedras para delimitar la portería. Por lo general, es la madre, cubierta del Al-Amira, que va a recuperarlos, mientras que los hombres trabajan o en el mar o en algún centro turístico. Cuando llueve, los chicos ya saben qué hacer: renunciar a todo y correr a casa para preparar las bandejas y las cuencas de recuperar la mayor cantidad de agua de lluvia que se utilizará para muchos propósitos. Las lluvias son tan impetuosas y rápidas que es muy importante siempre tratar de recuperar la mayor cantidad de agua posible. El agua casi no existe, y llega de Malé en barco… siempre que el barco llegue.

Estas noticias las obtengo de un amigo que me cuenta lo que es la vida en las islas. Los niños juegan en la zona y dejan el juego para ir a pedir dinero pero sobre todo para ver los “blancos”, personas similares a ellos que parecen proceder de algún tipo de planeta, venidos hasta el atolón de Lhaviyani a ver la vida local. Su curiosidad nos sorprende, nos admiran curioso y sonriendo. Sus sonrisas son sinceras, viniendo del profundo del corazón. Todo alrededor son escombros, casas en ruinas, vegetación salvaje, pero nada les borra esa sonrisa de alegría.

Las Maldivas son todavía un país de contradicciones fuertes, donde las ganancias de las empresas terminan en el extranjero y los beneficios para los residentes son muy limitados. A pesar de todo, la gente de las islas no pierde la sonrisa y las ganas de vivir a pesar de no tener nada, a diferencia de muchos turistas, descontentos aunque rodeados de lujo.

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